Espacio de comunicación de las ciencias sociales y las humanidades de El Colegio de San Luis, Centro Público de Investigación SECIHTI.

Maestría en Asuntos Políticos y Políticas Públicas

“…la maestría no acaricia…”

Discurso para la Ceremonia de Egreso

Viernes 21 de junio de 2024

Adrián Enrique Romo Lomelí, egresado de la Maestría en Asuntos Políticos y Políticas Públicas (MAPPP)

Buenas tardes autoridades escolares, docentes, colegas, familiares, compañeras y compañeros pero sobre todo, amigos que nos acompañan. Es para mí un placer estar hoy parado frente a ustedes y pronunciar estas breves palabras en nombre de la generación 2022-2024  de la Maestría en Asuntos Políticos y Políticas Públicas. 

 Empezaré mencionando que hace dos años la generación de esta maestría ingresó  a El Colegio de San Luis con la firme intención de tener un crecimiento académico, personal y profesional. Nuestro propósito era continuar desarrollando habilidades teóricas, de estudio y de investigación. Lo anterior debido al deseo, que me atrevo a decir que la mayoría de nosotros aún conserva, de pertenecer a una comunidad académica que cada vez se vuelve más competitiva y desafiante.

Nuestra estancia en El Colegio de San Luis estuvo llena de nuevos aprendizajes, otras formas de ver y estudiar la realidad, pero también de retos y desafíos que cada uno de nosotros encontró la forma de sortear. Tuvimos que encontrar la manera de ser resilientes ante las complicaciones que suponía el posgrado. Algunos de nosotros tuvimos la fortuna de conocer a una colega de generaciones anteriores, la cual manifestó de forma precisa la exigencia de lo que estábamos realizando al mencionar que “la maestría no acaricia”. 

El compromiso con la maestría y los obstáculos de la vida personal de cada uno de nosotros nos llevó a encontrarnos en estados extremos tanto físicos como psicológicos. Caída de cabello, desgarres en la espalda, colitis nerviosa, urticaria y desmayos son ejemplos de las señales que tuvimos de nuestro propio cuerpo para hacernos saber el nivel de tensión que veníamos arrastrando. Todo esto nos hizo conscientes de la responsabilidad que también debíamos de tener con nosotros mismos y de encontrar un punto de equilibrio. 

“El muñeco”, “la tía Schmitt”, “el chiquito”, “la swiftie”, “la Soraya Montenegro”, “yo no siento nada”, “estoy más cerca de los 30 que de los 15” y “se me rompieron los pantalones” son solo algunas de las bromas que se crearon al interior del grupo y que daban cuenta del buen ambiente que tratábamos de tener ante cualquier circunstancia. Nuestra convivencia no estuvo exenta de malentendidos, pero siempre se sobrepuso el respeto y el cariño mutuo. 

El Colegio de San Luis abrió las puertas a jóvenes estudiantes ávidos de nuevos conocimientos. Hoy, a dos años de distancia, puedo decir con satisfacción que somos personas diferentes de las que ingresaron en aquel momento. Crecimos en diversos rubros de nuestras vidas como fruto del esfuerzo invertido en nuestras actividades profesionales y académicas. 

Mis compañeras y compañeros deben de sentirse orgullosos por los logros conseguidos a lo largo de este trayecto. Las metas alcanzadas son fruto de incontables noches de desvelo, del empeño plasmado en nuestras múltiples tareas y del temple de cada uno para recobrar los ánimos cuando las cosas no iban del todo bien. 

No sé qué nos depara la vida en mediano y largo plazo, pero al conocer a mis amigas y amigos de la generación no me cabe la menor duda que será un futuro lleno de nuevos retos y éxitos tanto personales como profesionales. 

No me queda más que agradecerle a El  Colegio de San Luis por la oportunidad que nos brindó en estos años de trabajo, a todas las personas que lo integran por su apoyo y amistad, y sobre todo a mi generación por su compañía en este camino. Sé que en algún punto nos volveremos a encontrar y siempre les deseo lo mejor. 

Muchas gracias.