Discurso para la Ceremonia de Egreso
Viernes 21 de junio de 2024
Deyani Alejandra Ávila Martínez, egresada de la Maestría en Antropología Social
Buenas tardes, compañeros ,compañeras y distinguidas autoridades
Quisiera comenzar presentándome
soy Denayi,
soy hija de Rebeca la señora panadera ávida de lectura,
soy nieta de Ana María, la curandera, esposa de Toño el mesero, y también nieta de Chucho el panadero de Téjaro
y de Cecilia, mujer analfabeta que inventaba palabras cada que le intentábamos enseñar a leer, y desairaba con carcajadas nuestros esfuerzos,
¡yo pa’ qué quiero leer si aquí lo tengo todo!, decía.
Abuelas, abuelos, madre mía, que hoy esté leyendo esto, es gracias a ustedes, hoy me gradúo de una maestría, y aunque mucho de este logro es por mi ñoñez y terquedad, sé que soy lo que soy por ustedes y sus múltiples esfuerzos. Gracias.
A nombre de las y los estudiantes de la maestría en antropología, vengo hoy a dar las palabras que son al mismo tiempo de cierre y apertura, palabras que fueron construidas en colectivo, pero que hoy yo emito.
Mirar y hablar a través de algunas metáforas, del dolor de dejar algunos salones que fueron seguros y la alegría de alejarse de otros que fueron el contraste, es probable que al leer esto, la voz se me quiebre, pero ¿qué semilla no se quiebra para dar paso a la vida?
Quisiera concentrarme en tres momentos importantes que considero pueden explicar nuestro tránsito por El Colegio de San Luis, quiénes fuimos como grupo, cómo nos transformamos personalmente, lo agradecidos que estamos y cuáles son nuestros deseos pal futuro como antropólogas y antropólogos.
I. Quiénes fuimos como grupo
Ingresar a El Colegio de San Luis con emoción y altas expectativas de aprender antropología, para conocer desde “adentro” cómo hay que mirar y describir a la otredad, ha sido un privilegio, que en nuestros contextos pocas personas hemos tenido.
Reconocemos que, las y los estudiantes de la onceava generación de antropología social, que hoy nos graduamos, fuimos formados por 22 años de tradición antropológica en el estado, y más de 100 años a nivel nacional, que contrastan con los 200 años de formación a eso que llaman “nación mexicana”, así que el camino aún es tendido pa’ responder desde la antropología
¿Quiénes somos?, ¿Por qué dejamos de hablar las lenguas originarias de nuestras abuelas?, ¿Quién es esa otredad con la que convivimos en el transporte público, en las primarias, en las calles llenas de grafitis, frente a los altares de San Judas Tadeo?, ¿Será que si bajamos la guardia nosotras mismas somos una otredad?
Al graduarnos, llevamos con nosotras y nosotros, el compromiso por continuar con las propuestas más éticas de nuestra disciplina, pero también el compromiso por romper aquellos pilares colonialistas y androcéntricos que cimentaron una profesión tan valiosa.

Nos atraviesa el contraste, fuimos la generación post pandemia, la que decidió esperar para no estudiar en la virtualidad, somos los que reían las tardes de viernes en el tangamanga, y se ponían tensos con la profundidad de unas cuantas lecturas, los que intentamos no competir entre nosotras y nosotros, apoyarnos, acuerparnos, hablar del gozo, del cuerpo, del baile, de los afectos, del disfrute en el hacer haciendo.
Somos una generación que se formó con personas que llegaron de distintas orillas, para algunos un reto, para otros una forma de expandir el amor, que al final se resume en aquello que dijo Caro, “lo mejor que me pudo pasar, estos dos años, fue expandir mi capital social con ustedes”.
Cursar la maestría con este grupo que formamos ha sido maravilloso, pues construimos un espacio, dónde pensar diferente fue válido y apreciado, logramos vivir y experimentar el ser un colectivo nutrido de compañerismo, empatía, ayuda mutua, solidaridad y RESPETO.
Por dos años vimos que no fue una utopía sino el resultado verdadero de estudiar y hacer antropología no de los otros, sino con los otros; es algo que apreciamos mucho puesto que ninguna academia lo enseña.
II. Cómo nos transformamos
Durante el tiempo que estuvimos acá fuimos cambiando de a poquito, lectura a lectura, paisaje a paisaje, entrevista a entrevista, desde aquellos ejercicios etnográficos en el panteón del Saucito, el mercado de abastos o el república, hasta ese gran parte aguas, y evento transformador que fue el trabajo de campo de 5 meses.
Considero que una de las sensaciones más satisfactorias que tuvimos en esta etapa fue sentirnos “empate con el tiempo”, sentir que no había que reclamarle nada al pasado, ni pedirle nada en exceso al futuro.
¿Alguna vez han visto una película tantas y tantas veces hasta darse cuenta de que está hecha tan magistralmente que no hay ningún diálogo o escena sobrada?, todo llega a su tiempo, todo se resuelve del único modo en que debía resolverse. Creo que en más de una ocasión pudimos sentir este “empate con el tiempo”, no solo porque los aprendizajes de las clases teóricas nos ayudaron a conocer e interpretar lo vivido en el trabajo de campo, sino que aquellas escenas más lejanas, quizá las de la infancia o la adolescencia cobraron relevancia en ese momento del desarrollo del personaje antropológico que fuimos.
Por más que lo intentamos, nunca logramos decir con una palabra precisa o una “categoría analítica” la razón por la que volvimos al pueblo de donde fue nuestro padre, o quisimos estudiar la etapa de vida más importante en nuestra formación como la primaria o la secundaria, pero usamos aquel conocimiento remoto, familiar, transparente y cercano para justificar nuestro interés.
Yo, por mi parte, en la adolescencia aprendí el paso de tres de los abajeños, creí que nunca los volvería a usar, pero estaba en mí-cuerpo un conocimiento latente, esperando a ser usado, ¡qué alegría fue bailar en Santa Fe de la laguna unos abajeños! y así pasó con todos, usando conocimientos aparentemente lejanos para conocer la otredad.
Si de algún modo hemos experimentado la felicidad en estos dos años, ha sido en nuestro trabajo de campo, sintiéndonos valientes, suficientes y completos al mirar a otros y mirarnos a nosotros mismos. Eso ya nadie nos lo quita.
Pero, dirían los procesualistas, todo tiende a transformarse a través del conflicto, el acto casi teatral de la formación se terminó y con ello quedan algunos anhelos.
Cada investigación realizada en esta generación tiene implícita la historia de vida de cada una, uno y une de nosotres, están puestos el cuerpo y el espíritu, aprendimos a conocer sobre el otro, empezando desde las opiniones de nuestros compañeros y profesores, hasta las lecturas más abigarradas, o las opiniones de nuestros interlocutores en campo, la búsqueda por la diversidad es algo que el posgrado nos ha regalado y que se volvió evidente en nuestros trabajos
qué son tan diversos como complejos;como la investigación de Miriam que, al mirar el cambio del modelo económico en el altiplano, terminó observando el cambio de los afectos y emociones en las personas por sus paisajes, como Gerardo que continuó analizando las formas de sanar el cuerpo cuidando el corazón y el alma, o el trabajo de Natalia que analizó cómo el arte subversivo se institucionaliza, el trabajo de Andrés que encontró contradicciones en los programas estatales, mineros y de áreas naturales protegidas, pero sobre todo harta escucha campesina. El trabajo de Kassandra, que ha bailado por la historia de la salsa en Cuba, México, Monterrey, San Luis y las mismas an-danzas la llevaron a Alemania. El trabajo de Adriana, que miró desde dentro cómo es ser adolescente y estudiante en las periferias del norte de San Luis. El trabajo de Carolina, que nos llevó del pensamiento mágico y la sanación a través del arte a reconocer que una siempre puede ser joven e influir en la economía mundial si te dejas llevar por el flujo de la ola coreana.
Y el trabajo de Isaac, que, dicho en sus propias palabras su trabajo
“está dedicado a todos los niños que están construyendo sus masculinidades en los márgenes, y que muchas veces son invisibilizados, ignorados o censurados, tengan por seguro que sus voces se escucharán tan fuerte que harán cimbrar todo, también sus voces contribuirán a futuros trabajos académicos o independientes.
A propósito del mes del orgullo, nunca hay que olvidar que en la academia estamos Les que resistimos y existimos a pesar de toda prueba, sepan que existen tesis como la de Isaac, que también está dedicada a todes las disidencias, a quienes creemos y sumamos esfuerzos para desmantelar el patriarcado y a la academia que llega a ser blanca,hegemónica, capitalista, racista, clasista, sexista, misógina y lgbtiqfóbica.
Pues aunque el deseo de una sociedad sin etiquetas parece ser utópico, también constituye la motivación permanente para trabajar, luchar y hacer que sea posible”.
O el trabajo de Alexa, que comenzó con megaproyectos que van de océano a océano y terminó encontrando cartas familiares, historias de resistencias colectiva, y que está dedicado “a las personas eternamente calladas y sistemáticamente explotadas, las que gritan pero no son escuchadas, a ellas su trabajo se sigue sumando pero ahora con más conocimientos, con más herramientas porque han sido inspiración y ayuda para seguir avanzando, para seguir luchando y resistiendo en el proceso de crear una sociedad multicultural donde el respeto sea el valor que todos nos una”.
III. Agradecimientos y deseos
Hoy también queremos agradecer a las y los profesores que con convicción pedagógica compartieron con nosotras y nosotros sus conocimientos antropológicos, gracias también a Bety, Viri, y Estela por mantenernos a flote en esta deriva administrativa.
Gracias especialmente a nuestras familias y a todas las personas que hicieron posible que nosotras y nosotros hayamos estudiado antropología sin tener que negar nuestras identidades o reprimir lo que somos: mujeres, hombres, disidencias, profesores, compañeras, campesinas, mujeres rurales, chinantecas, madres, aunque muchas veces se nos haya cuestionado severamente. Gracias por la comprensión de nuestras familias, por no poderlos acompañar durante dos años en muchas cosas, con el pretexto de estar estudiando y dejar de lado ciertos aspectos de mi vida por dedicarme a escribir la de otros. Gracias familia por haber comprendido desde la ternura y el acompañamiento que debía cambiar de ciudad para seguir esta meta.
También agradecer a todas aquellas personas que no buscan acabar con otros mundos para que el suyo sea posible: infinitamente gracias a nuestros seres queridos que trascendieron esta dimensión durante el estudio.
Gracias a Gerardo por su amabilidad con todos y por mostrarnos las maravillas de la huasteca, a Isaac por compartir sus saberes y ser un compañero audaz. A Alexa por y amor a la lectura, a Kassandra, por su alegría y por mostrarnos que se puede bailar y escribir sobre ello; a Deyani, por visibilizar a otras mujeres; a Andrés, por mostrarnos que hay caminos que son difíciles de pisar pero siempre se atraviesan si se hace con el corazón; a Natalia por llevarnos con el grafiti a los rincones de arte urbano más emergente; a Gina por tanta comida rica compartida y por mostrarnos los ritos profanos y urbanos.
Deseamos en nuestro futuro antropológico poder seguir cultivando el conocimiento que se genera colectivamente, más allá del ensalzamiento a la individualización y la competencia; abrigar el autocuidado frente a la apología del esfuerzo sacrificial y la autoexigencia; asumir la responsabilidad afectiva de la escucha y la palabra en la construcción colectiva, frente a la “destrucción” del otro que a veces solo sirve para el ego académico disfrazado de “crítica” ;seguir apostando por los encuentros cálidos, donde las emociones y los sentires tienen un lugar primordial, frente al academicismo y la ciencia fría ya aséptica, el ofrecimiento de la ternura el deseo es seguir haciendo camino en una “antropología comprometida con la vida.
En fin, pues como dijo mi abue,
no hay plazo que no se cumpla, ni fecha que no se llegue.
Cierro con un breve poema que el internet de las cosas dice que es poesía p’urhépecha
“En la vida ni se gana ni se pierde,
ni se fracasa
ni se triunfa.
En la vida se aprende,
se crece,
se descubre,
se escribe,
se borra.
Y se reescribe otra vez,
se hila,
se deshila y
se vuelve a hilar.
El día que comprendí
que lo único que me voy a llevar es lo que vivo,
empecé a vivir lo que me quiero llevar”.
Ora sí, yastuvo, jamos a graduarnos!