Espacio de comunicación de las ciencias sociales y las humanidades de El Colegio de San Luis, Centro Público de Investigación SECIHTI.

EL COLEGIO DE SAN LUIS

Protestas

José Santos Zavala

Dicen que el fútbol une a todos los pueblos, que cuando rueda el balón, las diferencias se borran y todos somos uno, muy bonita idea, pero el 11 de junio de 2026, mientras el Estadio Ciudad de México se llenaba de banderas y la FIFA encendía sus fuegos artificiales para inaugurar su mundial, el cual es de todos, menos de los verdaderos aficionados al futbol, cuyos precios de ingreso son inaccesible. Afuera pasaba otra cosa. Una situación muy distinta a lo que se vio en la TV. Ahí estaban ellas, las madres, con sus carteles, con sus fotos, con sus voces rotas de tanto gritar hacia el vacío: “¡México campeón en desaparición!”, coreaban mientras los camarógrafos apuntaban sus lentes hacia la cancha. Más de 133 mil personas desaparecidas en este país y el mundo solo volteaba a ver el marcador del partido inaugural. 

Ese día no hubo una sola protesta, hubo varias, cada una traía su propia historia, su propia razón para estar ahí. La CNTE llegó con una consigna que, hay que reconocerlo, tiene más ritmo que muchos cánticos de la afición al futbol: “Si no hay solución, no rodará el balón.”, contundente y directa. Los maestros llevan semanas exigiendo lo de siempre, lo que se les promete y nunca llega: pensiones dignas, aumento salarial, el fin de reformas que los asfixian. No pedían la luna ni que México fuera campeón del mundo en futbol. Pedían que el Estado los viera como lo que son: trabajadores con derechos, no piezas desechables de un sistema educativo que les exige todo y les da poco.  También estaban los pueblos indígenas que le pusieron otro nombre al torneo: “Mundial del Despojo y la Guerra.” , con ella se piensa en las comunidades desplazadas para construir infraestructura, en los territorios militarizados, en los vecinos desalojados en la CDMX por la gentrificación que trajo el Mundial… y con ello la frase empieza a escucharse menos exagerada.

Aquí está lo más interesante de las manifestaciones, lo que más me parece que vale la pena decir: Estas personas no salieron a protestar contra el fútbol; no son aguafiestas. Son personas que entendieron algo muy sencillo: cuando el mundo entero te está mirando, ese es el momento. No mañana. No después del torneo. Es ahora. El Mundial le dio a México una visibilidad enorme y el gobierno, la FIFA, los patrocinadores… todos querían proyectar una imagen: progreso, modernidad, fiesta. Pero afuera del estadio, la realidad no se dejó maquillar tan fácil. Las madres buscadoras lo dijeron con una ironía que duele: si México es “campeón” de algo en este torneo, ese algo no está en ningún marcador oficial. Está en las cifras de los desaparecidos; está en los expedientes sin resolver; está en el silencio del Estado, en el silencio de las televisoras que transmiten el mundial.

Me pregunto y se lo pregunto también a quien lee esto, qué tipo de país queremos ser. Porque una cosa es celebrar que México sea sede de la Copa del Mundo por tercera vez en su historia; eso, no es poca cosa. Hay motivos de orgullo legítimos. Pero otra cosa, muy diferente, es usar ese orgullo como cortina. Como si la fiesta borrara las deudas sociales pendientes. Como si los goles de Julián Quiñones o Raúl Jiménez pudieran contestar la pregunta que une a todas esas madres afuera del estadio: ¿dónde están nuestros hijos?

Ese día hubo tensión, violencia y detenciones. Hubo empujones entre manifestantes y policías antimotines. No fue una postal bonita. Pero tampoco fue un accidente ni un caos sin sentido.  Fue, en realidad, algo muy organizado y pensado. Gente que no tiene micrófonos en los palacios de gobierno ni acceso a los grandes medios de comunicación, fueron quienes aprovecharon el único micrófono que el mundo entero estaba escuchando ese día y funcionó. Aquí estamos hablando de ello. El Mundial 2026 ya inició, los partidos siguen, los goles se acumulan. Pero el 11 de junio quedó grabado con otra imagen también: la de un país que intenta festejar con una mano, mientras con la otra todavía busca a sus muertos y atender los pendientes con los maestros y campesinos.

Finalmente: a las madres buscadoras: gracias por no callarse, por salir a la calle, aunque el Estado siga mirando para otro lado, su valentía es la memoria viva de quienes ya no están. A la CNTE: la lucha por condiciones laborales dignas es legítima, y aprovechar el escaparate más grande de los últimos años para decirlo no es sabotaje, es política pura. A los pueblos indígenas y organizaciones sociales: llevan siglos nombrando lo que otros prefieren no ver, y renombrar el Mundial como el “Mundial del Despojo” no es provocación, es una realidad social que duele. Al gobierno: los estadios llenos y las transmisiones en alta definición no sustituyen las respuestas que se requieren y a usted, que lee esto desde su casa, su trabajo, su celular: lo que pasó el 11 de junio de 2026 no fue ruido de fondo, fue una pregunta que este país lleva demasiado tiempo sin contestar: ¿Vas a seguir viendo el partido o también vas a voltear hacia afuera del estadio?

@jszslp